30.5.11

El Ángel de mis pesadillas





Anoche lo soñé, después de largo tiempo de no tenerlo presente, volví  a sentir, entre la brumosa oscuridad de mis sueños si aliento. Seguía siendo el mismo, delgado, blanco, con la sonrisa chueca y sus labios diabólicos.
Me beso, uno de esos besos de “trompita parada” que uno disfruta tanto cuando andas en la etapa de amor primaveral y jovial (aunque estés ya entrado en años, esos besos aun se disfrutan) le bese, y aun en mi sueño pude volver a sentir la descarga eléctrica que el roce de sus labios produce en mi cuerpo, la tibia sensación de saber que siempre seremos el engrane perfecto. Reviví, si, reviví en mi dulce pesadilla el recuerdo de nuestra danza amorosa, el momento sublime de la unión de nuestros sexos, ese momento para el que fuimos hechos, donde cada parte de nuestra piel se acoplaba a la piel del otro, en movimientos suaves y gemidos ahogados, con sudor y mordidas; la descarga liquida de amor entre dos seres, la dulzura del abrazo y las caricias del después, las palabras bajitas dichas al oído, la cita de la próxima semana, el cobro por sus servicios…
Recordé donde lo había encontrado, parado en la esquina, junto al bar al que solíamos ir los sábados, viendo entre la gente, buscando a su próxima víctima. 
En el momento de cruzarse las miradas me vi reflejada en su alma triste y desgastada, no dude en acercarme y pagar por sus servicios esa noche, y muchas otras noches mas; fue mi castigo, mi delirio, mi perdición, su cuerpo pálido, le ame tanto, el precio de amar a un ángel de esquina es el mas caro, le pague con mi billetera, mi cuerpo y mi alma, le firme un cheque de amor infinito, dejando que marcara mi piel como suya, hasta que me dejo sin nada, vacía en los bolsillos, dejando mi cuerpo sin alma, solo la cascara quedo, la cascara y los sueños de pasión, en las que el Ángel de mis pesadillas vuelve a despojarme de todo lo que soy.

10.4.11

Obsequio


Te regalo mi nombre, 
ese que brota de tu boca
en susurros desvelados.

Te regalo mis ojos,
cafés y limpios.
esos que observan tu silueta,
desnuda en la penumbra.

Te regalo mi boca,
pequeña y frágil,
esa boca que tortura tu sexo
con desenfreno,
y te sonríe con picardía.

Te regalo mis manos,
con sus dedos largos y delgados,
pinceles de obras de arte en tu espalda.

Te regalo mis pechos,
redondos y grandes,
montañas conquistadas por tus dientes,
mi pezón derecho, mi amante,
es tu campo de batalla.

Te regalo mis piernas,
abiertas y pecosas,
hogar de tu vientre,
tu trinchera lujuriosa.

Te regalo mis pies,
tan flacos y pequeños,
andantes,
seguidores fieles de tus huellas.

Te regalo mi sexo,
húmedo y tibio,
manantial que calma tu sed,
manjar que cura tu hambre y alma.

Te regalo mi alma,
arrebatada y salvaje,
temperamental y soñadora,
llena de ti.

Para Nacho

7.4.11

Pais




El país está sangrando

Está herido de muerte.

La impunidad lo hirió.

El poder de unos lo amago

El de otros lo tortura lentamente.

Secuestrado y atado de manos

Gime dolorosamente

Traicionado, ajado,

Respira muerte inocente.

Patea desesperado

En marchas intermitentes

Pidiendo ayuda inclinado

Implorando no más muerte.

12.3.11

Pertenencia

Que haces?
-Te observo
-Y que es lo que ves?
-Tu alma
-Y que ves en mi alma?
-Veo que me pertenece...


Sonrie con picardia...y me desnuda...

5.2.11

Espejo


Se paro frente al espejo.
Observo con detenimiento la peculiar marca roja que le rodeaba el cuello y gran parte de las mejillas, sonrió.
El extraño y placentero ardor que sentía entre las piernas le hizo recordar el roce de la tan cuidada barba recorrer sus muslos y adentrarse en su vientre, para así, con la lengua larga y a veces viperina, saborear la jugosa dulzura de su sexo.
Curiosamente, el espejo descarado se atrevía a decirle bajito al oído lo maravilloso que se sentía descansar la cabeza en el asombrosamente peludo pecho de su amante calvo.
Saciar el hambre de carne bajo su ombligo era sin duda una de sus comidas favoritas, morderle la sensible piel chocolatosa se podía volver un vicio, un pecado, gula.
Analizo sus piernas cortas, notando marcas de dientes y saliva aun fresca debajo de sus rodillas, ese hombre era un salvaje, pensó para sus adentros, pero le encantaba la forma tan posesiva que tenia de mordisquearle las piernas blancas y flacas, abriéndose paso a la fuente de sus sueños.
Hablame sucio mujer! que quiero verte tal como tu cuento de putas viejas y calientes!

Y justo cuando le decía las palabras mas sucias, el maldito la penetro, haciéndole olvidar todos los cuentos que habitaban en su imanación, enterrándole las uñas en la carnosa espalda...deseando tener un espejo, como en los moteles baratos, en el techo, para ver la perfección de los movimientos imitando las olas del mas turbulento mar.